Espacios.

Y uno va por la vida, tratando de que se respeten “sus” espacios.
Hasta que… llega alguien especial… y uno comienza a vibrar…
que sus espacios ya no son tan propios, ni tan desiertos de otros ojos,
ni tan necesariamente solos.
Ellos se inundan, maravillosamente, de un nombre…
y una presencia en nuestro sentir.
Y un querer dejarlo allí, aún a costo de perder esos “espacios” tan defendidos, antes.
Porque ahora, ellos toman brillo.
Alcanzan a ser bellamente distintos, intensamente vividos.
Ya no andamos solos, transitándolos.
Ahora, aún solos a la vista, los vivimos acompañados.
Eso, es el nombre de la dicha.
Quiero mis espacios, sí.
Pero cuando vos en ellos, los quiero más.

– Compañías (estás en mí…) – MN

Por siempre en mi…….MCN

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